Una muestra de la pluma de Jorge Asis
12, 06 de 2006-09-06 de 2006
Brillante escrito de calificada pluma nacional, visitelo en
www.jorgeasisdigital.com
y disfrute esto;
Operativo Enchastre
Publicado el martes 5 de septiembre de 2006 a las 22:25
Asoma un nuevo Pontaquarto en el horizonte.
l nuevo Pontaquarto ¿será mujer o será varón?
La pregunta ingenua, plagiada de la antiguamente efectiva publicidad del talco Lysoform, sirve, tangencialmente, para especular acerca del sexo del Pontaquarto que se perfila en el horizonte.
Varoncito, como el Pontaquarto original. O una mujer, como la señora Sandra Montero.
En realidad, cada vez los Pontaquartos resultan menos interesantes. De los millones del senado puede pasarse al choripanerismo presunto de memorables habilitaciones añejas.
El visionario fundacional, Mario Pontaquarto, ofreció, en principio, el prodigio estético de cobrar cuando delinquía. Para combinarlo con la proeza ética de cobrar, también, para contarlo.
La Pontaquarta, en cambio, se limitó a contar acerca de maletines abiertos que supo fisgonear.
Operativo Enchastre
Puede presumirse que el Pontaquarto que se avecina procede, según ciertas fuentes, de la misma Planta Fabril. La fábrica que tiene la máquina capacitada para producir Pontaquartos standard, en serie. Y hasta Pontaquartos de Quinta Generación.
Resaltan, como supuestos ejecutivos de la Planta, el nominado señor Bravo.
Hombre capitalizado, a su pesar, por el estigma febril de la sospecha. Vástago del viejo profesor irascible, tan cascarrabias como entrañablemente riverplatense. Se le atribuye, al vástago, la colección casi completa de operetas mediáticas, que derivaron en escándalos políticos.
Desde la invención artesanal de los Pontaquartos seriales, hasta el oportuno descubrimiento del homónimo del señor Enrique Olivera, el Errol Flynn del radicalismo en tránsito, hacia el ARI.
Hombre admirablemente sabio, el homónimo, que mantenía sus maravedíes resguardados en el exterior.
Cuéntase que el siempre sospechado señor Bravo, para la construcción automática de Pontaquartos, actuaría con el amparo protector del Alberto Fernández. Y con la resonancia garantizada por la eficacia de cierta consultora vinculada, en apariencias, a rotundas emanaciones periodísticas. Necesarias para completar la erupción del Operativo Enchastre.
Manchas de viruela
Los dos primeros, y fundacionales Pontaquartos, fueron consagratoriamente indispensables para el propósito, irrisoriamente utópico, de reivindicar la moral del ex vicepresidente Carlos Álvarez. Alias El Chacho.
Trátase -el Chacho- del máximo Inspector del Mercosur de la actualidad.
Trátase -el Mercosur- de la gran causa de fomento vecinal, que moviliza Álvarez para destruirlo. A los efectos de asegurar la coherencia de su dilatada trayectoria, jalonada de impecables destrucciones.
El próximo Pontaquarto, con su Operativo Enchastre, se encuentra, según nuestras fuentes, destinado a la reivindicación moral del victimizado Aníbal Ibarra. Alias, para los miles de visitantes del Portal, El Paraguayo.
Aquellos Adelantados Pontaquartos sirvieron para degradar mortalmente al Parlamento.
Para echar un significativo balde de estiércol. Sobre la honra culposa que compartían determinados senadores peronistas, manchados por la viruela de los valijazos y los sobres. Y por determinados radicales, y progresistas en banda que pretendían también mancharse, en la viruela venenosa del reparto.
Pese al choripanerismo de las cifras, el Pontaquarto que se espera podría deslizarse en una dirección similar. Con el objetivo de degradar, hasta la eternidad, las dos administraciones de Fernando de la Rúa.
De prosperar el lanzamiento del flamante Pontaquarto, el Presidente De la Rúa tendrá que lanzarse a la escritura de otro libro aún más denso, acerca de su masacrada experiencia presidencial.
Sin embargo ahora debe avanzarse en contra de sus pasos previos. A través del último grito de la moda de los Pontaquartos, debe enchastrarse la gestión de De la Rúa, como primer Jefe de Gobierno electo, en el artificio autónomo de Buenos Aires. Clavel del aire que legara, con aplausos unánimes, la Constituyente del 94.
La misión rentada del Pontaquarto que viene consistirá en denunciar, de manera espectacular, las irregularidades cometidas, en materia de habilitaciones, verificaciones y controles, durante los años municipales de De la Rúa. Precisamente en 1997.
Para detenerse en la transición bailantera, desde El Reventón, hasta la transformación rockera del Cromagnon.
Sala horriblemente convertida, por las abyecciones y bengalas de una maldita noche de verano del 2004, en el escenario irresponsable de la muerte de casi doscientos jóvenes.
Sala convertida, además, aunque esto sea lo menos gravitante, en la sepultura política del segundo Jefe de Gobierno electo, Aníbal Ibarra.
Un titán absuelto, que fuera oportunamente destituido, después de largos meses de meritoria capacidad de resistencia.
El Reventón
A los efectos de lograr la ceremonia de resurrección del victimizado Ibarra, el Pontaquarto que irrumpe propondrá, con sus escraches, la revisión prehistórica del lugar.
Según la argumentación que se construye, El Reventón era un complejo irregularmente interconectado. Aludía al esparcimiento de un bailongo, una canchita de tenis y tal vez después de fútbol 5, un hotel digno para trajinantes del Once y una simultánea playa de estacionamiento.
El complejo presentaba serias falencias de habilitación. Aunque, con la generosidad interpretativa del rol institucional de burro, solía llegarse, en general, a un acuerdo razonable que permitiera la continuidad.
Como consecuencia del best sellerato de "La marroquinería política", el nuevo Pontaquarto podrá lanzarse a relatar la entrega del contenido de los maletines expresionistas.
Un vaciamiento que se habría realizado, después que cierto inspector, en un sincope de formalismo, decidiera clausurar, sin complejos, el Complejo El Reventón.
Con el enchastre asegurado, podrán iniciar sus excursiones mediáticas dos o tres funcionarios de aquel De la Rúa. Los que se encuentran, en apariencias, fuera de juego.
Un ex militar, como algún Quique, tendría que comenzar a preocuparse. Aunque se querrá tirar de la soga de cierto vigente diputado que se encuentra, aún, en la cascoteada plenitud de su carrera hacia el vacío.
Hasta salpicar, por ingratas vinculaciones, a familiares indirectos del posterior presidente De la Rúa.
La cuestión que asoma el sol del próximo Pontaquarto. Aunque sólo faltan detalles de terminación.
Para regocijo del canibalismo periodístico. Y la epopeya reivindicatoria del curtido Aníbal Ibarra.
Es de confiar que este texto, riesgosamente anticipatorio, disuada de sus intenciones a los ejecutivos anónimos de la Planta Fabril de Pontaquartos.
No pueden ser incautos, como para legitimar una primicia del Portal.
Oberdán Rocamora
Continuará, manténgase conectado
www.jorgeasisdigital.com
y disfrute esto;
Operativo Enchastre
Publicado el martes 5 de septiembre de 2006 a las 22:25
Asoma un nuevo Pontaquarto en el horizonte.
l nuevo Pontaquarto ¿será mujer o será varón?
La pregunta ingenua, plagiada de la antiguamente efectiva publicidad del talco Lysoform, sirve, tangencialmente, para especular acerca del sexo del Pontaquarto que se perfila en el horizonte.
Varoncito, como el Pontaquarto original. O una mujer, como la señora Sandra Montero.
En realidad, cada vez los Pontaquartos resultan menos interesantes. De los millones del senado puede pasarse al choripanerismo presunto de memorables habilitaciones añejas.
El visionario fundacional, Mario Pontaquarto, ofreció, en principio, el prodigio estético de cobrar cuando delinquía. Para combinarlo con la proeza ética de cobrar, también, para contarlo.
La Pontaquarta, en cambio, se limitó a contar acerca de maletines abiertos que supo fisgonear.
Operativo Enchastre
Puede presumirse que el Pontaquarto que se avecina procede, según ciertas fuentes, de la misma Planta Fabril. La fábrica que tiene la máquina capacitada para producir Pontaquartos standard, en serie. Y hasta Pontaquartos de Quinta Generación.
Resaltan, como supuestos ejecutivos de la Planta, el nominado señor Bravo.
Hombre capitalizado, a su pesar, por el estigma febril de la sospecha. Vástago del viejo profesor irascible, tan cascarrabias como entrañablemente riverplatense. Se le atribuye, al vástago, la colección casi completa de operetas mediáticas, que derivaron en escándalos políticos.
Desde la invención artesanal de los Pontaquartos seriales, hasta el oportuno descubrimiento del homónimo del señor Enrique Olivera, el Errol Flynn del radicalismo en tránsito, hacia el ARI.
Hombre admirablemente sabio, el homónimo, que mantenía sus maravedíes resguardados en el exterior.
Cuéntase que el siempre sospechado señor Bravo, para la construcción automática de Pontaquartos, actuaría con el amparo protector del Alberto Fernández. Y con la resonancia garantizada por la eficacia de cierta consultora vinculada, en apariencias, a rotundas emanaciones periodísticas. Necesarias para completar la erupción del Operativo Enchastre.
Manchas de viruela
Los dos primeros, y fundacionales Pontaquartos, fueron consagratoriamente indispensables para el propósito, irrisoriamente utópico, de reivindicar la moral del ex vicepresidente Carlos Álvarez. Alias El Chacho.
Trátase -el Chacho- del máximo Inspector del Mercosur de la actualidad.
Trátase -el Mercosur- de la gran causa de fomento vecinal, que moviliza Álvarez para destruirlo. A los efectos de asegurar la coherencia de su dilatada trayectoria, jalonada de impecables destrucciones.
El próximo Pontaquarto, con su Operativo Enchastre, se encuentra, según nuestras fuentes, destinado a la reivindicación moral del victimizado Aníbal Ibarra. Alias, para los miles de visitantes del Portal, El Paraguayo.
Aquellos Adelantados Pontaquartos sirvieron para degradar mortalmente al Parlamento.
Para echar un significativo balde de estiércol. Sobre la honra culposa que compartían determinados senadores peronistas, manchados por la viruela de los valijazos y los sobres. Y por determinados radicales, y progresistas en banda que pretendían también mancharse, en la viruela venenosa del reparto.
Pese al choripanerismo de las cifras, el Pontaquarto que se espera podría deslizarse en una dirección similar. Con el objetivo de degradar, hasta la eternidad, las dos administraciones de Fernando de la Rúa.
De prosperar el lanzamiento del flamante Pontaquarto, el Presidente De la Rúa tendrá que lanzarse a la escritura de otro libro aún más denso, acerca de su masacrada experiencia presidencial.
Sin embargo ahora debe avanzarse en contra de sus pasos previos. A través del último grito de la moda de los Pontaquartos, debe enchastrarse la gestión de De la Rúa, como primer Jefe de Gobierno electo, en el artificio autónomo de Buenos Aires. Clavel del aire que legara, con aplausos unánimes, la Constituyente del 94.
La misión rentada del Pontaquarto que viene consistirá en denunciar, de manera espectacular, las irregularidades cometidas, en materia de habilitaciones, verificaciones y controles, durante los años municipales de De la Rúa. Precisamente en 1997.
Para detenerse en la transición bailantera, desde El Reventón, hasta la transformación rockera del Cromagnon.
Sala horriblemente convertida, por las abyecciones y bengalas de una maldita noche de verano del 2004, en el escenario irresponsable de la muerte de casi doscientos jóvenes.
Sala convertida, además, aunque esto sea lo menos gravitante, en la sepultura política del segundo Jefe de Gobierno electo, Aníbal Ibarra.
Un titán absuelto, que fuera oportunamente destituido, después de largos meses de meritoria capacidad de resistencia.
El Reventón
A los efectos de lograr la ceremonia de resurrección del victimizado Ibarra, el Pontaquarto que irrumpe propondrá, con sus escraches, la revisión prehistórica del lugar.
Según la argumentación que se construye, El Reventón era un complejo irregularmente interconectado. Aludía al esparcimiento de un bailongo, una canchita de tenis y tal vez después de fútbol 5, un hotel digno para trajinantes del Once y una simultánea playa de estacionamiento.
El complejo presentaba serias falencias de habilitación. Aunque, con la generosidad interpretativa del rol institucional de burro, solía llegarse, en general, a un acuerdo razonable que permitiera la continuidad.
Como consecuencia del best sellerato de "La marroquinería política", el nuevo Pontaquarto podrá lanzarse a relatar la entrega del contenido de los maletines expresionistas.
Un vaciamiento que se habría realizado, después que cierto inspector, en un sincope de formalismo, decidiera clausurar, sin complejos, el Complejo El Reventón.
Con el enchastre asegurado, podrán iniciar sus excursiones mediáticas dos o tres funcionarios de aquel De la Rúa. Los que se encuentran, en apariencias, fuera de juego.
Un ex militar, como algún Quique, tendría que comenzar a preocuparse. Aunque se querrá tirar de la soga de cierto vigente diputado que se encuentra, aún, en la cascoteada plenitud de su carrera hacia el vacío.
Hasta salpicar, por ingratas vinculaciones, a familiares indirectos del posterior presidente De la Rúa.
La cuestión que asoma el sol del próximo Pontaquarto. Aunque sólo faltan detalles de terminación.
Para regocijo del canibalismo periodístico. Y la epopeya reivindicatoria del curtido Aníbal Ibarra.
Es de confiar que este texto, riesgosamente anticipatorio, disuada de sus intenciones a los ejecutivos anónimos de la Planta Fabril de Pontaquartos.
No pueden ser incautos, como para legitimar una primicia del Portal.
Oberdán Rocamora
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